Alcatraz, mi nueva decepción en el campo sci-fi/misterio

by Alexiel

Últimamente no hago más que tratar de digerir desilusión tras desilusión en todo lo que concierne a series que tratan temas sobrenaturales o de ciencia ficción. En 2011 no pude evitar sentirme un tanto engañada al haber esperado tanto series como Falling Skies o Terra Nova para que terminaran siendo planas  y, si bien reconozco que probablemente siga la primera para darle “otra oportunidad”, a la segunda prefiero enterrarla en mi arcón mental de “delirios de un paleontólogo aficionado” junto a Dinotopia (miniserie  flasherísima de cuyos créditos Wentworth Miller seguro desearía borrar su nombre). Alcatraz no fue un golpe menor que los anteriormente mencionados.

El trailer prometía suspenso, acción, intriga, pero el piloto no va más allá de lo que se vio en los adelantos. La voz en off de Sam Neill inicia el episodio relatando “En el 21 de marzo de 1963, Alcatraz fue oficialmente cerrada. Todos los prisioneros fueron transferidos fuera de la isla. Sólo que eso no fue lo que pasó. Para nada”, dando un buen puntapié inicial para desarrollar el argumento del que ya teníamos conocimiento: tanto los prisioneros como los guardias de la prisión desaparecieron ese día, y vuelven a aparecer casi 50 años más tarde luciendo exactamente igual que el día en que se desvanecieron y cumpliendo misiones para una desconocida identidad.

Hasta ahí todo resulta apetecible argumentalmente. Mi aversión surge directamente de los protagonistas.

La rubia Detective Rebecca Madsen (Sarah Jones), quien aún no supera la muerte de su antiguo compañero quien fue asesinado por un criminal, se encuentra de lleno frente a una investigación por la muerte de un antiguo alguacil de Alcatraz. Descubre en la escena del crimen una huella dactilar que, sorprendentemente, pertenece a un prisionero de Alcatraz cuyo certificado de defunción data de varios años atrás. Pero, antes de que pueda continuar la investigación, una extraña división de FBI liderada por Emerson Hauser (Sam Neill) aparece para reclamar juisdicción sobre el caso.

Claro que ella no se puede quedar con la intriga y busca ayuda en un geek, el Dr. Diego Soto (Jorge García), quien ha escrito 4 libros sobre la legendaria prisión, para resolver el misterio. Balas van, balas vienen,  Hauser les muestra a ambos una “baticueva” secreta del FBI bajo Alcatraz con fines no especificados, encuentran al  recluso que cometió el crimen, se dan cuenta de que luce exactamente igual que hace 50 años… Toda esta oleada de cosas absolutamente bizarras suceden frente a la cara de póker de la protagonista quien no se altera en lo más mínimo ni siquiera al descubrir que su abuelo, a quien creía guardia de la prisión, era en realidad un recluso y, para rematarla, fue el treintañero que asesinó a su compañero meses atrás.

Esa es mi crítica. Acepto todo lo imposible, de eso se trata y me gusta, pero las reacciones de los personajes deberían ser acordes a las disímiles situaciones en las que se encuentran, cualquier ser humano debería reaccionar frente a ello con escepticismo, desconfianza, incredulidad… No una calma que parece digna de un monje budista. Las malas personificaciones arruinan toda la magia de la historia y la transforman en inverosímil. 

Voy a ver un par de capítulos más en honor a la trama, pero si las actuaciones y el guión no mejoran, me dedicaré a poner esperanzas en la próxima promesa se lo sobrenatural: Touch ( si llega a ser una hibridación entre 24, X-men, Los 4400 y Kyle XY debería empezar a considerar seriamente cambiar de género favorito, pues parece que los productores se están quedando sin ideas).